El cuervo que aprendió a amarse
Envidiando su belleza, voló hacia él y preguntó: “¿Por qué estás tan triste?”. El cisne suspiró: “Mi blancura me hace sentir frío y distante, siempre solo en el agua helada, sin colores que calienten mi existencia”.
Luego encontró un perico (o guacamayo) colorido. “¡Qué plumas tan vibrantes! ¿Por qué pareces preocupado?”, dijo el cuervo. El perico respondió: “Temo por mi vida; los humanos me cazan por mi belleza por codicia, encerrándome en jaulas para su vanidad egoísta”.
Finalmente, en el zoo, vio un pavo real majestuoso rodeado de gente. “¿No eres feliz con tanta admiración?”, preguntó. El pavo real contestó con voz baja: “Sufro en cautiverio, preso en esta jaula, anhelando tu libertad para volar alto sin cadenas que aten mi esplendor”.
Aprender a amarnos es más que un cliché: es la base para construir una vida auténtica y feliz. Nos libera del peso inútil de querer ser otros y nos conecta con nuestro propio poder interior único. Solo en este espacio de aceptación genuina podemos extender amor verdadero a los demás, cultivar relaciones profundas y forjar una felicidad sólida y duradera que resista tormentas.
Que la historia del cuervo nos inspire a valorar nuestro ser único y usarlo para florecer, con confianza y orgullo, en cualquier circunstancia, abrazando nuestras sombras como alas de libertad eterna.


