Pájaros y cerebro la ciencia detrás del canto
Estudios revelan que este sonido, que muchos encontramos agradable, activa regiones del cerebro como el lóbulo frontal, temporal y parietal, responsables de la concentración, el procesamiento auditivo y la relajación.
Además, los sonidos naturales ayudan a reducir los niveles de cortisol, la hormona del estrés. Esto contribuye a calmar la actividad de la amígdala y activa redes cerebrales asociadas con la atención y la calma. En otras palabras, nos ayuda a concentrarnos y a relajarnos al mismo tiempo.
Escuchar el canto de las aves no solo es placentero, también nos reconecta con nuestra esencia y con la historia evolutiva de nuestra especie. Nos recuerda nuestra conexión con la naturaleza y el entorno que moldeó nuestra forma de ser.
Tomarte unos segundos al día para escuchar estos sonidos puede ser un pequeño hábito con grandes beneficios: mejora tu enfoque, disminuye el estrés y te ayuda a reconectar contigo mismo y con el mundo que te rodea. La naturaleza, en su simplicidad, tiene un poder inmenso sobre nuestra mente.


